La designación de Abel Posse es un poderoso distractor de las políticas de ajuste de la educación publica porteña y de la conformación de una central de inteligencia al servicio del macrismo.Mauricio Macri no ha renunciado a ninguna de las dos cosas.
Ni a entregarle la educación de la ciudad a la iglesia católica* ni a tener SIDE propia que sirva a su proyecto presidencial o, al menos, pueda hacer los tiros de advertencia necesarios cuando la realidad amenace con llevárselo puesto.
En ese sentido Posse nos entretiene con discusiones absurdas sobre el leninismo de Kirchner o sobre la aptitud de un grupo de marineros para juzgar la peligrosidad de montoneros que apenas si han comenzado a afeitarse.
El problema en educación de la ciudad se llama Andrés Ibarra que es quien manejara de facto el día a día de la educación porteña.
Ibarra fue gerente de Boca durante la gestión Macri y es co-autor junto a su jefe político del libro "Pasión y Gestión", lo que da una idea de su cercanía intelectual. Fue también gerente del Correo Argentino (gestión papi) y un Andrés Ibarra aparece como funcionario de Ruckauf en Educación entre 1999 y 2001 involucrado en el viejo curro de cobrar por horas extras que no se hicieron y viáticos injustificables.
Ibarra ha sido el verdadero contratante de Ciro James (nadie puede pensar seriamente que lo contrató Narodowsky, quien tendrá sus miles de motivos para hacerse cargo) y es quien gobernará la relación con los docentes.
A Abel Posse le quedará tarea que puede hacer un polemista de casi 76 años: La distracción mediante pirotecnia verbal distrayendo los esfuerzos que deben dedicarse a cosas importantes.
Hasta ahora el progresismo ha mordido el anzuelo con furia tentado por la facilidad de la presa, mientras tanto el presupuesto de educación de la ciudad baja aunque se aumentan las partidas destinadas a educación privada.
Dejemos a Posse en su lugar: El precambrico.
*Hay que leer


